dimarts, 12 juliol de 2011

El maltrato psicológico: causas y consecuencias.

La historia ha estado marcada por la discriminación en todos los aspectos. Tratar a un ser humano de manera inferior por el color de piel, por el poder adquisitivo, por su status social, por pertenecer a un sexo o a otro, etc. ha sido propio del ser humano. Segregar a un colectivo con malas intenciones es rechazable y denunciable en todos los aspectos y sentidos.

Este tema  tratará sobre la violencia machista, sobre la discriminación de la mujer por parte del sexo apuesto, hablaremos sobre el maltrato psicológico que sufre la mujer por parte de su pareja o ex pareja y las consecuencias que pueden derivar de éste.
Empezaremos este apartado detectando cómo empieza el maltrato psicológico, de qué manera se puede detectar y por qué o cómo se puede tolerar. Proseguiremos definiendo de manera general el perfil del maltratador-maltratada dando a conocer algunos aspectos que llevan a los dos implicados a comportarse como tal. Continuaremos descubriendo cuándo y cómo se pasa del maltrato psicológico al físico aportando unas estadísticas basadas básicamente en las llamadas realizadas por mujeres residentes en la ciudad de Barcelona al 900.900.120 y que sufren o han sufrido malos tratos por parte de su pareja o ex pareja. Finalizaremos este apartado con una valoración personal.
El comienzo del maltrato psicológico, cómo se detecta y cómo se puede erradicar.

Tener poder es dominar y utilizarlo para beneficiar en lugar de perjudicar es propio de seres con empatía y que miran para los demás, no sólo para uno mismo. El hombre que maltrata a su pareja por poseer una fuerza física superior a la maltratada no conoce el significado de empatía ni se preocupa por saber cómo se debe sentir la persona que tiene enfrente y hacia quien van dirigidas esas venenosas palabras y que, en la mayoría de casos, acaban en un maltrato físico que liquida, en determinados sucesos, con la vida de la víctima.

El maltrato psicológico normalmente se manifiesta en forma de “preocupación” por parte del hombre hacia su pareja en lo que se refiere a la forma de vestir, hablar, maquillar, el comportamiento hacia los otros hombres en general, entre otros aspectos. La mujer interpreta la conducta de su compañero calificándola de celos y, por lo tanto, no ve riesgo alguno en sus palabras. Hay un intento por parte del maltratador de cambiar el vestuario y el comportamiento en general de su compañera. Una vez conseguido el objetivo el hombre pasa al segundo aspecto que consiste en apartarla de su ámbito social y familiar. El objetivo a conseguir es la dependencia de la mujer hacia el hombre tanto económicamente como socialmente y para conseguirlo es necesario reducir lo máximo que se pueda el círculo de conocedores de la afectada. Empiezan los insultos, las amenazas, las provocaciones, etc. reduciendo a la víctima a un nivel inferior y con el objetivo de que ésta llegue a asumir esta inferioridad, fin que normalmente se consigue. El maltratador, a veces, no es consciente de esta reducción y piensa que el papel que debe realizar la “buena esposa” es el de obedecer a su marido o pareja en todos los aspectos. No sabe que está reduciendo a su compañera a
un mero objeto como si no tuviera sentimientos ni pensamientos propios. El maltratador manipula y intenta subordinar la mujer a él. Mari-France Iregoyen califica esta maniobra como “la colonización de la mente”. En definitiva, se intenta destrozar la confianza y la autoestima de la víctima haciendo que dude de ella misma y de sus capacidades.

El maltrato psicológico es muy difícil de detectar ya que se relacionaba y se sigue relacionando con los típicos celos de hombre “enamorado”. Como es difícil de notar es el más difícil de erradicar. El maltrato físico es evidente por la visibilidad de los acontecimientos y, por lo tanto, resulta más sencillo de controlar y denunciar. Aun así estas víctimas suelen desarrollar unos síntomas comunes como pueden ser una baja autoestima, sentimiento constante de culpa, aislamiento social, tristeza, ganas de llorara sin motivo aparente, ansiedad, rechazo y inapetencia sexual, entre otros. Como decíamos antes la dificultad de su detección hace que sea cuasi imposible de demostrar y las denuncias no se producen hasta que no hay un maltrato físico. Exteriormente se puede notar y intentar aconsejar a la perjudicada pero ésta, al estar machacada día sí día también, no lo califica de maltrato sino que lo ve como un hecho normal y si recibe los insultos y las humillaciones es por su culpa no la de su pareja.


La sociedad todavía no ha asimilado del todo la gravedad de la situación. Hay quien piensa que son hechos que suelen pasar en cualquier relación, que si hay niños entre medio la mujer debe aguantar, que sólo se produce en las familias de escasos recursos económicos, etc. Esto no solamente afecta a la percepción por parte de la sociedad a la hora de actuar como es debido y de reforzar las medidas que se están tomando sino que influye mucho sobre la afectada directamente. Mucha gente se pregunta por qué no se denuncia o por qué no acabar definitivamente la relación pero las acciones y las consecuencias de dichos actos no son fáciles de llevar a cabo. 

Hay muchos motivos pero podemos destacar las siguientes tendencias: gran dependencia del maltratador tanto económicamente como personalmente, miedo al rechazo por parte de la sociedad, perdida del círculo familiar-social, miedo a la reacción del agresor, etc. Los pretextos son diversos y en cada caso es diferente pero es cierto que llega un momento que la mujer ya no puede aguantar más las humillaciones y los maltratos sufridos y “explota” denunciando los hechos a las autoridades, a los vecinos, familiares, amigos, etc. A nadie le gusta que lo maltraten como se fuera menos que un objeto y si estas mujeres no denuncian es por algo y, ese algo, normalmente se llama miedo.

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